
La mentira se agita como una bandera atacando lo que queda de nuestras creencias desnudando groseramente a la verdad para someterla a sus chanzas. La hipocresía baja desde arriba como aceite, penetrando los resquicios asfixiando la confianza de los que desde abajo quisieran conservar la fe, seguir esperando. La mentira restalla, orgullosa y altanera y así cualquier verdad por más que temporales para ellos un medio y un ariete para sembrar la insidia proclamando lo deseable de sus búsquedas vacías su visión taimada de las cosas que con la consistencia de un ácido permea por cualquier fisura la inocencia. Y en su afán de verdad única la mentira inexcapable y exclusivanos aplasta con su incesante fuego cruzado de falsedades resplandecientes, de palabrería en su deseo, explícito o velado, de conducirnos de la ilusión al cinismo.

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