domingo, 31 de julio de 2016

Recuerdos

Hay cosas que no se olvidan en tan poco tiempo, hay recuerdos que vienen a la mente con algún olor, alguna camisa o alguna corbata, alguna canción, alguna foto, algún comentario o simplemente con alguna calle o simplemente con el olor a cigarro. Eso es lo que queda, los recuerdos, son aquellas cosas que por más que uno desee, siempre estarán en la mente, porque la nostalgia es traicionera, es una mala amiga, que justo en el momento menos indicado aflora parte de un pasado mejor, de un pasado que quisiera presente y futuro.
Duele y mucho, duelen las promesas sin cumplir, los sueños rotos, los "algún día", "cuando vuelvas", "a tu regreso", "en unos meses"... ¡cosas que sí quería (quizás aún quiero) hacer!

Mi corazón está destrozado, siento que todo quedó a la mitad, que todo está incompleto. No existe peor cosa que la incertidumbre y la nostalgia, además de el deseo incontenible de decir "Hola", de decir un "te extraño", de hurgar en el pasado y esbozar una leve sonrisa de "cuán felices éramos". No necesitábamos de mucho para sonreír, disfrutábamos las cosas simples y sencillas, juntos éramos fuertes, juntos éramos uno solo, juntos podíamos todo.

Ella siempre me decía "algún día te aburrirás de mí", pero parece que fue al revés...

No sé qué tengo en el fondo de mi corazón, a veces pienso que es resignación, otras veces siento que es nostalgia, pero de alguna u otra manera, quiera o no, sé que es esperanza. 

No existe día que no la recuerde, no existe noche que mis ojos no lagrimeen antes de dormir, no existe mañana en que diga "¿cómo estará? ¿piensa en mí como yo en ella? ¿me extrañará?".

Cada día recuerdo cada instante que pasamos juntos, desde las primeras veces que nos veíamos a escondidas de sus padres, hasta el último beso di y el último "Te amo" que le dije en el oído aquel veinte de abril en el aeropuerto. Cada día recuerdo cuando estábamos sentados en su escalera una noche de enero y le puse una sortija en su dedo, recordar su nerviosa sonrisa y sus brillantes ojos emocionados. Cada día recuerdo el día que me presentó a sus papás, el día que llegué con rosas a su casa.

La primera vez que nos besamos en aquel taxi, también cuándo nos agarramos la manos ese mismo día, la primera vez que hicimos el amor y también la última. Es inevitable acordarme de aquella vez que la operaron y pasé la noche con ella, fui a comprar una ensalada de frutas para que cene y cometí el error de ponerle melón, olvidé que a ella no le gusta. Recuerdo cuándo cocinábamos en su casa, hacíamos tequeños, cuándo estaba enferma yo le preparaba caldo de pollo con los fideos bien cocidos, como a ella le gustan. Recuerdo que hicimos pizza en nuestro aniversario, me regaló un álbum que ella misma hizo y que lo he visto una y mil veces.

Recuerdo "nuestro huequito" dónde comíamos pollo broaster, los panes que tenían una cosa amarilla encima que tanto le gustaba y siempre comprábamos. Los domingos de verano que yo iba a su casa con un litro de helado y veíamos películas, las veces que íbamos al parque con sus hermanos pequeños y ella no tenía paciencia, renegaba y yo la calmaba.

El helado de chocolate que comíamos en el supermercado que está por mi casa, el ceviche que comimos en el lugar que ella lo hacía al salir del colegio. Los chocolates y dulces que siempre le llevaba, los "tubitos" que comprábamos a granel.

Los sábados que la acompañaba a su parroquia, el cumpleaños de su mamá en el que su papá me hizo sentir anfitrión, el partido de Perú que vimos en su cuarto mientras comíamos. "El quinto piso", sus escaleras, las interminables despedidas en la puerta de su casa.

La vez que se cayó en la Confirmación de mi hermana, las conversaciones con mi abuela, las compras en el Centro de Lima, en Gamarra, sus ferias, sus compras en los supermercados y en Minka.

Lo metido que paraba en su casa, la confianza que me daban sus papás, lo mucho que me quería Tatiana, las bendiciones que me daba Blanquita, lo mal que bailé con su mamá en año nuevo y que mejoré un poco en su cumpleaños y yo todo nervioso, porque ella estaba embarazada y bailaba como un trompo.

Las veces que su papá me defendía frente a su mamá y su abuela porque para él, el hecho de que yo sea ateo no era de mucha importancia. Los consejos que me dio acerca de las relaciones y el matrimonio, acerca del trabajo y del amor, los marcianos que preparaba, el pye de manzana de su mamá, su pye de limón. El arroz con leche que me daba para llevar, el saltado de pollo clásico en cualquier lonche, su plátano relleno que nunca había probado y la tortilla de raya de su papá, ¡ambos deliciosos! 

El vino del primer mes de enamorados, tu nerviosismo al conocer a mi mamá, la parrilla por fiestas patrias del año pasado junto a toda mi familia, la playa con mi tía, mis primitos, tu hermana y la mía este verano, el último año nuevo en mi casa, la cremolada de Pisco Sour, los helados de Magdalena, los matrimonios a los que fui siempre con corbata negra ya que tu vestido era de ese color siempre.

Su perfume de chocolate (que aún tengo), la chanchita que le regalé, el globo de Minnie Mouse, los chocolates hechos por mi mamá, la carta que le envié junto con mi perfume, la vez que su abuelo casi nos encuentra, el café cargado que siempre tomaba en su casa y al comienzo su familia quedó asombrada.

Aprendí a comer con la mano, a chupar huesos. Los chifles que me traía su abuelo y también sus "bocadillos".

El primer almuerzo con sus papás, la cuadrada que me dio su mamá por haber llegado tarde días atrás. Las veces que reímos juntos, pero también las veces que lloramos juntos, como el día anterior de su viaje. El gel que me regaló, el llavero de toro, el reloj, la sortija, su foto en mi billetera. El marco de fotos triple con fotos nuestras que le regalé en nuestro aniversario.

Las camisas a cuadros que ella odiaba, la camisa de lunares que ella amaba. El desayuno que me preparó y me trajo muy temprano en complicidad con mi hermana, las veces que me pedía que me afeite porque sino no me besaría. Los interminables besos que le di en sus escaleras, los interminables besos que le di en la puerta de su casa.

Tantas cosas que no logro creer que ella haya olvidado, tantas promesas y juramentos que no logro creer que no recuerde, cuántas veces juramos no perdernos, cuántas veces prometimos estar juntos a pesar de todo. Y aquí estoy, después de más de tres meses sin verla y más de un mes sin saber nada de ella, aún pensándola, aun extrañándola... aun amándola.  

¿Qué soy yo para ella? No lo sé. ¿Qué significo para ella? No lo sé. ¿Aún estoy en sus planes? No lo sé. ¿Ya hay otra persona? No lo sé.

Pero lo que sí sé, es que de alguna u otra manera, la quiero en mi vida, la quiero de vuelta, no sé que es lo que ella quiere o piensa, pero yo la amo tanto como la última vez que nos vimos y el hecho de pensar que faltan cincuenta y un días para que vuelva (si es que vuelve) no sé si me pone feliz o triste, pero lo que sí, es que ahora me siento triste, pero sobre todo, me siento solo, me siento vacío.