Te extraño, cada día que pasa es una odisea eterna. Hace 50 días no te tengo entre mis brazos, entre mis manos, entre mis labios; hace 50 días no tengo tu calor pegado a mi piel.
Extraño tu olor, tus manías, tus palabras y tus locuras; tu comportamiento de niña y mujer a la vez, tu forma de rodear mi cuello con tus tersos y blancos brazos. Extraño tu manía de morder mis labios, mis hombros, mis dedos y mis brazos.
Extraño todo de ti, pero también, extraño contemplar tus caderas en un vaivén celestial al caminar frente a mí. Extraño perder la mirada en aquel infernal y a la vez maravilloso caminillo que forman tus senos, en ese escote pronunciado y generoso que deja mucho a mi vista y logra que mi mente se envuelva de lujuria y deseo.
Extraño la perfección de tu cuerpo, extraño acariciar con pasión y obscenidad tus piernas, aquellas piernas que tanto me gustan y te lo repito hasta la saciedad, aquellas piernas que incitan a tocar con estas manos llenas de anhelo por ti.
Extraño recorrer con mis pulgares tus delineadas cejas, seguir por tus pronunciados pómulos, tocar tus suaves mejillas y terminar en tus carnosos y voluptuosos labios, aquellos labios color rosa que siempre tienen el brillo de un diamante al sol, son tus labios los que deseo besar a cada instante, esos labios tan suaves como la piel de durazno, labios que envician mi ser y cuyo néctar mis labios disfrutan con cada beso tuyo.
Extraño la desnudez de tu cuerpo, observar cada parte de ti, cada detalle de tu piel. Extraño contemplar tu anatomía como una obra de arte, como se observa a "La maja desnuda" de Goya, como se observar a "Lady Maria Conyngham" de Sir Thomas Lawrence; observar tu cuerpo desnudo es como observar "El nacimiento de Venus" de Sandro Botticelli, eres tan bella como los girasoles que pintó van Gogh.
Te extraño mucho, mis labios necesitan de tus besos. Yo no puedo vivir sin mi alma, no puedo vivir sin mi vida.
Olenka, te deseo, te anhelo, te extraño, te necesito, pero sobre todo, ¡te amo!

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